Imagina que llevas meses en una obra. Has movilizado personal, maquinaria y recursos. Los pagos no llegan, los retrasos se acumulan, y un día la empresa principal te comunica que ya no contará contigo. Eso es un conflicto contrato de obra en su forma más habitual: una ruptura sin previo aviso que tiene consecuencias jurídicas muy concretas. Lo que empieza como un conflicto contrato de obra entre empresas acaba en el juzgado. Y el resultado suele ser muy diferente al que