Cuando una empresa recibe una inspección o un requerimiento sanitario, la reacción más habitual es actuar rápido. Se revisa lo que se ha pedido, se recopila información interna y se intenta responder de la forma más completa posible. En ese proceso, muchas compañías optan por explicar en detalle lo que hacen, cómo lo hacen y por qué consideran que está bien planteado. Y es precisamente ahí donde empieza el problema. No porque la intención sea incorrecta, sino porque el