He recibido un requerimiento sanitario. ¿Qué significa realmente?

//He recibido un requerimiento sanitario. ¿Qué significa realmente?
He recibido un requerimiento

Muchas empresas reciben un requerimiento sanitario y lo primero que piensan es…

“Bueno, será enviar unos documentos y ya está”.

Y ahí empieza el problema. Porque lo que parece un trámite administrativo sin importancia es, en muchos casos, el primer paso de algo mucho más serio.

En LegaleGo lo vemos constantemente.

Empresas del sector alimentario que reciben un requerimiento, responden rápido, sin estrategia… y semanas o meses después se encuentran en una situación que ya no es técnica, sino claramente jurídica.

Qué es realmente un requerimiento sanitario

Un requerimiento sanitario no es una sanción, pero tampoco es una simple solicitud de información.

Es una comunicación formal de la autoridad sanitaria en la que te está diciendo, en esencia: “Estamos revisando lo que haces. Y queremos ver cómo respondes”. Muchas veces incluso se trata de un control oficial de documentación.

Puede estar relacionado con:

No es casual. No llega por azar. Llega porque algo ha llamado la atención.

Y, sobre todo, porque la autoridad quiere evaluar tu posición.

El riesgo real que muchas empresas no ven

Aquí está el punto clave. El requerimiento, por sí mismo, no sanciona. Pero sí abre la puerta a que haya sanción.

Es el momento en el que la autoridad sanitaria recopila información, analiza tu respuesta y decide si:

  • el asunto se queda ahí
  • hay que pedir más información
  • o se inicia un expediente sancionador

Y lo importante no es solo lo que has hecho. Es cómo lo explicas. Porque, en la práctica, muchas decisiones se apoyan en cómo responde la empresa.

Y este es el punto donde más empresas fallan y donde más casos vemos.

Cuando una empresa cree que respondiendo rápido pueden dejar cerrado ese capítulo. Y… nada más lejos de la realidad.

Los errores más comunes que hemos observado a lo largo de los años son tres:

  • Responder sin estrategia. Se responde con lo primero que parece razonable, sin analizar qué está en juego. Sin entender que esa respuesta no solo informa… posiciona a la empresa frente a la autoridad.
  • Reconocer cosas sin valorar el impacto. Este es especialmente delicado.

Frases como:

  • “Sí, esto no estaba del todo correcto”
  • “Estamos en proceso de corregirlo”

Pueden parecer inofensivas pero, en determinados contextos, suponen un reconocimiento que luego es muy difícil revertir, y que puede ser utilizado directamente en un expediente sancionador.

En uno de los expedientes que hemos analizado recientemente, la empresa respondió reconociendo una irregularidad en el etiquetado sin valorar el impacto de esa afirmación. Esa respuesta acabó siendo utilizada como base en el expediente sancionador posterior.

  • Tratarlo como algo técnico. Muchas empresas delegan la respuesta en perfiles técnicos o regulatorios. Y ese enfoque, siendo necesario, no es suficiente. Porque hay un punto en el que esto deja de ser una cuestión de cumplimiento… y pasa a ser una cuestión de defensa.

 El momento en el que deja de ser regulatorio y pasa a ser jurídico

Este punto no siempre es evidente, pero existe. Y cuando se cruza, el escenario cambia completamente.

Lo vemos en casos reales:

  • empresas que no respondieron a tiempo y la autoridad interpreta falta de colaboración
  • empresas que respondieron de forma incompleta y se considera que no han atendido el requerimiento
  • empresas que contestaron mal, generando una posición que facilita una sanción posterior

Aquí ya no estamos hablando de si un ingrediente es correcto o si un claim está bien planteado. Estamos hablando de cómo la autoridad interpreta tu conducta. Y eso es de criterio jurídico.

De hecho, muchas sanciones no vienen solo por el producto en sí, sino por cómo se ha gestionado el requerimiento previo y se imponen sanciones por parte de las autidades sanitarias indicando que no se ha querido colaborar o que se ha obstruido la labor inspectora.

Lo que la autoridad está valorando de verdad

Cuando recibes un requerimiento sanitario, no solo están mirando tu producto. Están mirando tu empresa.

Y concretamente si entiendes la normativa, si colaboras o no, si minimizas riesgos o los asumes, si tienes control sobre lo que comercializas y, sobre todo, cómo te posicionas ante la inspección.

Cada palabra cuenta, y cada documento que envías construye una imagen.

Y esa imagen influye directamente en lo que puede venir después.

Porque es el punto en el que todavía puedes influir en el resultado ya que una respuesta bien planteada puede cerrar el asunto. Pero una respuesta mal planteada puede abrir un problema mucho mayor.

Y la diferencia no suele estar en el contenido técnico… sino en el enfoque.

Cuando esto avanza, ya no se trata solo de cumplir

Se trata de defender.

Defender la posición de la empresa. Defender cómo se han hecho las cosas. Y, en muchos casos, limitar el impacto de lo que ya ha ocurrido.

Por eso, tratar un requerimiento sanitario como un simple trámite es uno de los errores más caros que puede cometer una empresa en el sector de complementos alimenticios.

Porque cuando quieres reaccionar… muchas veces ya es tarde.

 

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